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Tavito, un hombre real, en el 85 aniversario de su natalicio

  • FUENTE: SC de Historia de la Medicina
  • 16 Octubre 2020
Octavio de la Concepción y de la Pedraja

Octavio de la Concepción y de la Pedraja, “Tavito”, nació el 16 de octubre de 1935 en la antigua Sala de Maternidad del Hospital Universitario “General Calixto García”. Siendo aún un niño, sus padres decidieron ir a vivir a Tacajó, un central azucarero en el municipio de Banes, hoy provincia de Holguín. Regresó a La Habana a estudiar bachillerato y luego medicina. 

Tacajó lo vio retornar en 1957, aún sin terminar medicina, pues el tirano Batista apoyado por el gobierno norteamericano continuaba ensangrentando al país y la Universidad, ante tanta ignominia, se vio obligada a cerrar sus puertas.

En Tacajó, vinculado al M-26-7, tomó el camino de las montañas en cuanto se presentó la oportunidad y se unió a las fuerzas rebeldes de Raúl Castro, con las que permaneció hasta el final de la guerra.

Al triunfo de la Revolución ocupó responsabilidades en la Jefatura de la Sanidad Militar y en la Organización Nacional de Inválidos (ONDI). Paralelamente reanudó y finalizó sus estudios de medicina. Realizó su Servicio Médico Rural en Baracoa. Allí fue electo trabajador ejemplar e integró las filas del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURSC), en 1962, con sólo 27 años. Con estos créditos regresó al Hospital Universitario “General Calixto García”, su lugar natal, a iniciar su Residencia en Cirugía.

A mediados del año 1963 tuvimos el privilegio de acompañarle en la concepción de una idea que pudimos materializar con el concurso de un grupo de nuestros compañeros médicos, enfermeras, técnicos de Laboratorio, trabajadoras de Archivo y un grupo de estudiantes de Estomatología. En esa época hacíamos trabajo agrícola en la Granja “Conrado Benítez”, todos los domingos, de todos los meses del año. Pronto entablamos relaciones camaraderiles con vecinos del pueblo de San Antonio de los Baños, donde radicaba la Granja, y así supimos de sus necesidades de atención médica. A Tavito, médico sensible ante el dolor ajeno y amante de la justicia, se le ocurrió que podríamos desviar cada domingo, en forma rotativa, un pequeño grupo de médicos, enfermeras y técnicos de laboratorio para garantizar la asistencia médica dominical a los habitantes del lugar. A este grupo inicial se sumó después el Profesor Inguanzo, de la Facultad de Estomatología, y un grupo de estudiantes de esa carrera.

Jóvenes, llenos de pasión y entusiasmo, éramos capaces de pasarnos una noche de sábado sin dormir, atendiendo una urgencia tras otra en el Salón de Operaciones en nuestro querido hospital “Gral. Calixto García”, cambiarnos de ropa en la mañana del domingo y marchar a la Granja “Conrado Benítez” a recoger papas, y regresar al mediodía a participar en la fiesta de todos los trabajadores del centro y bailar y reír satisfechos de todo lo que habíamos hecho.

Aún nos queda mucha de la alegría contagiosa de aquellos años por el protagonismo de nuestra juventud en las tareas revolucionarias. La Revolución no es abstracta, es tan material y corpórea como hombres y mujeres tiene forjándola y haciéndola marchar hacia adelante. No es perfecta, como no lo somos sus ejecutores; pero es nuestra, la que hemos hecho con errores y aciertos, con dolores y alegrías, con éxitos y retrocesos, con indecisiones y convicciones y continuamos en pie de lucha.

Tavito, fiel a sus ideales y convicciones acompañó al Che, primero al Congo y luego a Bolivia. Hoy, ante las nuevas muestras de solidaridad de los profesionales de salud cubanos con otros pueblos del mundo, también afectados por la COVID-19, su ejemplo está presente.

Durante 50 años, hicimos un pacto de silencio sobre lo acontecido en Bolivia -cuatro días antes de cumplir 32 años- para seguir recordándolo vivo, alegre y cálido, burlón hasta la exasperación, sensible ante el dolor ajeno, trabajador, fiel a sus seres queridos, entrañable compañero y, sobre todo, justo, valiente y revolucionario.

En este 85 aniversario del natalicio de Tavito, nuestro eterno compañero, que permanecerá siempre joven en nuestra memoria, con su contagiosa sonrisa y su inmenso amor a la vida, el doctor Fiti Cárdenas y la autora, conscientes de que estamos en la hora del recuento y la marcha unida -como dijera el Apóstol- invitamos a todos a ¡Que su eterno recuerdo constituya hoy y por siempre la vanguardia de nuestra eterna tropa de combate por la libertad, la dignidad y la unidad de Nuestra América y de todos los pueblos del mundo que aspiran a un mañana mejor!.

POR: Profesora Consultante María del Carmen Amaro Cano
Sociedad Cubana Historia de la Medicina.

 

 

Palabras clave: historia de la salud pública, aniversario, Historia de la Medicina, natalicio, Cuba